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Observatorio de la Cooperación Universitaria al Desarrollo

Resumen de los Diálogos sobre Universidad y Desarrollo Sostenible

El 10 de marzo de 2016 se ha celebrado en la sede de AECID, la jornada “Diálogos sobre el papel de la universidad española ante los Objetivos de Desarrollo Sostenible” organizada por el OCUD y el grupo de trabajo de Cooperación de Crue-Internacionalización y Cooperación.

Inauguración

El vicepresidente de Crue Universidades Españolas y rector de la Universidad Pontificia Comillas, Julio L. Martínez, ha subrayado en la inauguración de estas jornadas que “una vez tenemos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es el momento propicio para que nos replanteemos o reenfoquemos las estrategias para tratar esta cuestión en el seno de las universidades a todos los niveles, que son la docencia, el aprendizaje, la investigación y la transferencia, y el servicio a la sociedad”. Por su parte, Itziar Taboada, directora de Relaciones Culturales y Científicas de la AECID, ha resaltado “la voluntad de la Agencia por abrir más aun sus puertas a las Universidades españolas, e invitarlas a proponer ideas y ofrecer vías para estar más presentes que nunca en las políticas y acciones” de cooperación.

Diálogo 1: El rol de la universidad en la Agenda

Sobre el rol de la Universidad Española ante los ODS, José Antonio Alonso y Rafael Grasa contestaron a las preguntas de Castor Díaz Barrado sobre la noción de desarrollo implícita tras los ODS, si la universidad comparte esta visión, y por qué la universidad debe implicarse en la consecución de esta nueva agenda.

La noción de desarrollo tras los ODS

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es la primera respuesta real a los desafíos del desarrollo de un mundo que ha cambiado totalmente: ya no vivimos en la bipolaridad de la Guerra Fría, ni existe la división Norte rico – Sur pobre: la heterogeneidad es enorme entre los países en desarrollo y dentro de ellos; de hecho, las tres cuartas partes de los pobres del mundo (aquellos que viven con menos de $2 al día) lo hacen en países de renta media, lo que implica que no solo debe haber una agenda internacional para erradicar la pobreza, también una agenda común para atajar la desigualdad.

Por otra parte, los estados ya no son los únicos que actores que intervienen en el desarrollo de los pueblos (ONGDs internacionales, fundaciones, sindicatos, multinacionales, etc.. se han convertido en actores de desarrollo con una creciente importancia en el total de los flujos de AOD); como consecuencia, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) pierde peso en el total de los flujos para el desarrollo, además existen cuestionamientos sobre su gestión y la incoherencia con  otras políticas nacionales de los donantes; sin embargo, no se puede olvidar que en los 50 países menos adelantados (con una renta per cápita inferior a $1.045 anuales) la AOD supone el 70% de los recursos internacionales con que cuentan: sigue siendo imprescindible.

La interdependencia entre países cada vez es mayor, con lo que es necesaria la acción concertada de la comunidad internacional; esto se hace mucho más patente en la protección común de los Bienes Públicos Globales, especialmente aquellos relacionados con cuestiones medioambientales.

Por otra parte, el cambio climático transversaliza todas estas cuestiones; en los próximos 15 años vamos a definir si somos capaces o no de controlarlo y mitigarlo, y para lograrlo, se requieren no solo soluciones técnicas complejas, sino verdaderos cambios de patrones de producción y consumo.

Con todo esto, podemos decir que conocemos el punto de partida, pero no el de llegada, porque el mundo, efectivamente, ha cambiado. Ya no funcionan los principios de diferencia (norte-sur, rico-pobre), ni el de convergencia ya que el modelo de desarrollo de los países más pobres no puede ser el mismo que el que tuvieron los países más desarrollados porque es insostenible; y es necesario que todos los países exploren nuevos modelos de vida.

Visión e implicación de la universidad en la Agenda 2030

Las universidades españolas entraron en la cooperación internacional para el desarrollo en los años 90, con el movimiento 0’7. Esta actividad empieza respondiendo a iniciativas individuales de miembros de la comunidad universitaria, para poco a poco convertirse en una política más de la instituciones de educación superior que trabajan individualmente y de forma colegiada a través del Grupo de Cooperación de Crue Universidades Españolas.

La actividad de cooperación universitaria para  el desarrollo debe estar circunscrita a los ámbitos naturales de actuación de las universidades: formación, investigación y transferencia de conocimiento y extensión universitaria. En lo relativo a la nueva agenda, la universidad española debe interiorizarla y ponerse a trabajar sobre ella, integrando la necesaria visión crítica que aporta la academia. Esta visión crítica empezaría por analizar el proceso de construcción de esta nueva agenda, en especial, sus debilidades:

  • De entrada, no se contemplan compromisos nacionales basados en indicadores, y la gobernanza global se tiene que construir sobre reglas y compromisos.
  • Algunos de los objetivos y metas pueden resultar muy vagos, lo que pone en riesgo su abordaje y realización. La Agenda del Milenio se planteaba erradicar la pobreza extrema con la consecución de ocho Objetivos claros, que vertebraron los esfuerzos de la comunidad internacional; la Agenda Post 2015 es más integral, pero también más difusa.
  • En tercer lugar, a pesar de que la Conferencia de Addis Abeba sobre financiación se produce antes de la aprobación de la Agenda en la Asamblea General de NNUU (a diferencia de la Cumbre de Monterrey, que tuvo lugar 2 años después de la Declaración del Milenio), no se plantean modelos económicos ni indicadores de financiación claros.
  • Por último, pero no menos importante, poco se dice en la Agenda 2030 sobre el cambio necesario en el modelo de crecimiento y desarrollo imperante, cuando es una cuestión nuclear para la consecución de un desarrollo sostenible.

En esta nueva etapa, la universidad debería trabajar en los siguientes ámbitos:

  • De entrada, se debe trabajar en la construcción de una narrativa para el Desarrollo Humano Sostenible, necesariamente más amplia, más genérica y más compleja que la de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, centrada en la lucha contra la pobreza.
  • La universidad debe formar en Desarrollo Humano Sostenible, lo que implica formar ciudadanos comprometidos con los problemas del mundo.
  • Es necesario también generar capacidades vinculadas con los ODS entre docentes y gestores.
  • La academia es un agente clave en la construcción de alianzas que permitan trabajar en red a diversos actores, así como fomentar su presencia en redes internacionales de desarrollo.
  • Las universidades debemos desempeñar un papel clave en la generación de indicadores y creación de mecanismos de evaluación. Tanto para el seguimiento como para la evaluación y la rendición de cuentas, la universidad puede desempeñar un papel estratégico independiente de los gobiernos.
  • En cualquier caso, en este diálogo se plantea que las instituciones de educación superior debe trabajar los ODS de forma integral, y no centrarse en la gestión de proyectos.

Por último, la universidad debe reivindicar su papel fundamental en la construcción del conocimiento sobre desarrollo, pero para ello, no solo hay que renovar los textos sobre los que se basa la CUD (ESCUDE y Código de Conducta), sino también trabajar por una coherencia de políticas universitarias e instrumentos de forma que todas se orienten hacia la consecución de la nueva agenda. La coherencia de políticas también implicaría que la CUD se centre en las actividades que le son propias, y no abarquen ámbitos que son competencia de otras áreas.

Diálogo 2: Retos de la Agenda en docencia, investigación y extensión

Sobre los retos que se le plantean a la universidad ante la nueva Agenda en docencia, investigación y extensión universitaria, hablaron Carlos Mataix, Marta Barandiarán y Francisco Gutiérrez, con la coordinación de Pablo CID.

Enlazando con la sesión anterior, se continúa con el papel de la academia en la generación de conocimiento en torno a un modelo de desarrollo aún por definir; y a su vez, la universidad debe construir puentes entre  el modelo de crecimiento  y desarrollo tradicional, y este modelo nuevo, aún por definir.

Formación

Esto implica necesariamente replantearse también el papel del conocimiento en la sociedad: ¿es un bien de uso que nos facilitará la construcción de un nuevo modelo de desarrollo sostenible o es un bien de cambio con un valor en el mercado, y por tanto sometido a las reglas del tradicional modelo de desarrollo y crecimiento?

Se puede encontrar una respuesta en la reforma curricular que trajo el Espacio Europeo de Educación Superior, en el que se primó el currículum por competencias por encima de las capacidades, lo que en la práctica implica que el currículum actual se considere una parte del contrato con el mercado laboral, y que el bienestar está necesariamente ligado a éste.

En todo caso, la integración de la agenda 2030 en el currículum puede suponer una oportunidad para la formación de universitarios con un conocimiento más integral, interdisciplinar y ético.

Sobre la integración de la agenda en las aulas:

Por supuesto, es necesaria la transversalización de la agenda en todos los grados, que se puede concretar en un módulo común para todos los estudiantes de la universidad, y en módulos específicos en función de la disciplina.

Sin embargo, como se ha visto, el mundo plantea problemas multidimensionales que requieren de profesionales integradores, porque no se pueden resolver desde un solo enfoque. Para formar a estos nuevos profesionales que busquen soluciones para los retos que plantea la Agenda 2030 se van a requerir algunos cambios creativos en la estructura de la docencia:

  • En primer lugar, serán necesarios docentes formados en competencias y capacidades nuevas; para ello, se requieren incentivos para que estos docentes profundicen en las claves de los ODS, pero también un cambio en la mentalidad del PDI en la que sean conscientes que los estudiantes de hoy en día son fruto de un modelo social diferente al que ellos han conocido.
  • En segundo lugar, sería necesario replantear la unidad de evaluación de los currículos, que no deberían componerse de asignaturas como bloques estancos. La unidad de análisis debería ser el grado completo.
  • En tercer lugar, hay que considerar que los cambios no los trae el conocimiento en sí, sino las personas que los operan, lo que implica que la formación no puede ser meramente técnica, sino también en valores.
  • Se debe tratar de una formación estimulante enfocada a imaginar y crear modos de vida sostenible. La mera información sobre la agenda o sobre los peligros de los modelos de vida insostenibles no serán suficientes.
  • Todo lo anterior implica también que el espacio universitario debe cambiar (pasar “del egosistema al ecosistema” parafraseando al profesor del MIT Otto Scharmer). La universidad debe ser un espacio de colaboración para generar el conocimiento sostenible e intersectorial, que fomente el trabajo en red dentro de la propia universidad y con otros centros de educación superior, en estrecha colaboración con otros agentes.

 

Investigación

La investigación es una pieza imprescindible en la generación de este conocimiento nuevo, y como la formación, debe también basarse en la interdisciplinariedad y en la colaboración.

Sin embargo, al igual que en la formación, se investiga siempre con un criterio de calidad determinado, marcado por las Agencias de Calidad. Y esta concepción está muy ligada al modelo de desarrollo y crecimiento económico que nos estamos replanteando. Luego hay que replantearse también los estándares de calidad en virtud de los cuales se investiga en la universidad. Nuevos estándares de calidad que visibilicen la investigación e innovación que se realice en pos de los ODS.

Se plantea la dicotomía de si  crear un área de conocimiento específica sobre estudios de desarrollo o si incluir un enfoque del desarrollo sostenible en las distintas áreas de conocimiento; sin embargo, estas opciones no serían suficientes para potenciar la investigación en estos ámbitos. También se necesitan incentivos (reconocimientos académicos) para que el personal investigador se dedique a investigar en soluciones para un mundo sostenible.

En este sentido,  la universidad debe también facilitar la investigación colaborativa y favorecer entornos interdisciplinares. De hecho, al ser la universidad es un entorno muy libre, puede proponerse buscar espacios en los que se fomente la investigación colaborativa, multidisciplinar, bidireccional, y la innovación social, en la que participen también las comunidades implicadas en el rediseño de su mundo. Para problemas transversales, soluciones interdisciplinares.

Extensión

 La universidad es un agente único para tender puentes y generar alianzas con la sociedad como con distintos agentes: administración pública, sociedad civil organizada, comunidades y empresas.

Se plantea una transformación de estas relaciones: pasar de un modelo extractivo (la universidad recibe fondos a cambio de servicios o asistencias técnicas), a un modelo más colaborativo de reciprocidad mutua, en el que todos los agentes deben colaborar, aportar sus herramientas y conocimientos, en la consecución de la Agenda 2030, que, como ya se ha dicho, apela a todos los agentes por igual, no solo a los estados.

La sociedad civil organizada, por su parte, ve en la universidad a un socio necesario e independiente que aporte un seguimiento de los indicadores de calidad, evaluación y coherencia de políticas. Las ongd también solicitan a la universidad un papel en la elaboración de estos indicadores, así como en la sistematización de buenas prácticas.

Diálogo 3: Hacia una nueva estrategia de desarrollo humano y sostenible desde la universidad tras la Agenda 2030

Sobre las políticas y estrategias universitarias debatieron Rosa Puchades, Javier Benayas, Marisa Ramos, con la moderación de Margarita Alfaro.

¿Cómo abordar los ODS en la política universitaria?

Todos los participantes coinciden que este abordaje debe hacerse de forma integrada,  integradora e interdisciplinar, incluyendo la agenda en todos los textos y políticas universitarias, y concretando medidas en todos los ámbitos, desde la formación o investigación, hasta la compra de suministros o contratación.

El trabajo de sensibilización sobre la necesidad de integrar el Desarrollo Humano Sostenible dentro de la universidad debe empezar por los propios gestores, y por los profesores (de hecho, un estudio realizado por la Red Copérnicus sobre comportamientos sostenibles dentro de la universidad desvela que el grupo de docentes es el que mantiene prácticas más insostenibles en su desempeño).

La Estrategia 2015 de consolidación de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU) será una vía necesaria para imbricar la RSU con ésta. De hecho, dentro de la Comisión de Sostenibilidad de Crue se trabaja ya sobre la integración de 9 ODS.

Existe además un documento sobre RSU y ODS con 34 propuestas consensuadas en el Consejo de Universidades y con los consejeros de Educación de las Comunidades Autónomas. 

En segundo lugar, esta integración de la sostenibilidad dentro de las políticas universitarias, se debe hacer desde sus dos enfoques, sostenibilidad ambiental y sostenibilidad social, sin que prime uno sobre otros.

Por último, se recomienda el trabajo en red dentro y fuera de nuestras fronteras, con el fin de compartir experiencias y buenas prácticas. Existen varios ejemplos en el área del Desarrollo Sostenible (RISU, Copérnicus, VUPES).

¿Cómo puede incidir la AECID en la integración de los ODS en la Universidad?

La Agencia puede y debe velar por la coherencia de políticas, facilitando la orientación hacia los ODS de las políticas universitarias en materia de investigación y desarrollo, promoviendo la incorporación de incentivos a la investigación en DHS, sea a través de un área de investigación específica o en la incorporación de un enfoque de desarrollo en todas las áreas.

Lo que es un hecho es que la Agencia considera el conocimiento especializado un activo muy importante en la cooperación técnica, y debe favorecer el conocimiento generado en universidades.

Por último, dada la predisposición de la universidad para el fortalecimiento de capacidades y la creación de redes interuniversitarias con otros países, así como redes con otros agentes, la Agencia podría apoyar y facilitar la actividad de estas redes, por lo que un conocimiento previo de éstas es necesario.

Clausura

En la clausura del acto, el presidente del grupo de trabajo de Cooperación de Crue Internacionalización y Cooperación, Guillermo Palao, ha subrayado la necesidad de “que las áreas de cooperación y sostenibilidad de las universidades trabajen conjuntamente para incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible a las políticas universitarias y que éstas vayan capilarizando todos los ámbitos de actuación de la universidad: formación, investigación, transferencia y extensión”.


Fecha de publicación
29 de marzo de 2016


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